
|
CANARIAS Y BALEARES LIDERAN
EL CRECIMIENTO EN VIVIENDA POR EL TIRÓN DEMOGRÁFICO
Los factores demográficos lastraron la demanda de vivienda
residencial en Asturias, Cantabria, Aragón, Castilla y León
y Castilla-La Mancha
En los últimos años, la economía española
se ha caracterizado por un notable dinamismo del sector de construcción
y, en particular, de la actividad residencial impulsada por factores
tanto económicos como demográficos. El papel fundamental
de los primeros (incorporación en el área del euro,
crecimiento de la renta familiar, bajos tipos de interés,
fiscalidad…) se ha complementado por el creciente protagonismo
adquirido por la evolución de la población. En el
último informe sobre El sector de la construcción
de Procam, holding inmobiliario de Caixa Catalunya, se hace
un análisis detallado de la trayectoria de la población
y de la creación de nuevos hogares, que son elemento clave
en la explicación del comportamiento alcista del mercado
inmobiliario español en el período 1995-2002.
El análisis muestra el impacto de la población sobre
la demanda de vivienda por CC.AA. y que ha sido de intensidades
diferentes. Se destaca un primer grupo de comunidades, liderado
por las insulares, en el que los factores demográficos han
tenido una incidencia clara y directa sobre la demanda inmobiliaria.
En las Islas Canarias y en las Islas Baleares, el notable ritmo
de crecimiento de la población (14,7% y 14%, respectivamente)
y del número de hogares (32,6% y 22%) en el período
1995-2002 explica la intensa presión de la demanda de viviendas.
Desde valores cercanos a 5.000 viviendas acabadas en 1995 en ambas
comunidades se pasó a valores acumulados de 68.760 viviendas
en Canarias y de 72.110 en las Islas Baleares. Este mismo patrón
de crecimiento notablemente superior a la media española
de la población y de la creación de hogares, combinado
con un intenso avance de la demanda inmobiliaria, también
se registró en Andalucía y la Comunidad Valenciana,
con un ritmo de crecimiento de población, respectivamente,
del 3,5% y 5,9% y de un incremento en el número de hogares
del 14,1% y 16,0% entre 1995 y 2002. En este periodo 1995-2002 se
pasó de 42.999 viviendas acabadas a 501.044 en Andalucía
y de 33.845 viviendas a 372.283 en la Comunidad Valenciana.
Por otra parte, el análisis permite observar el comportamiento
entre 1995 y 2002 de buena parte de las CC.AA. del norte, centro
y oeste de España, donde un ritmo de crecimiento de la población
y la creación de hogares inferior a la media nacional se
ha reflejado en un débil aumento de la demanda residencial.
Esta situación la comparten Asturias, siempre dentro del
periodo analizado entre 1995 y 2002 (decrecimiento de la población
del –2,6% y crecimiento del 3,0% de los hogares, pasando en
estos siete años de 3.751 viviendas acabadas a 35.532), Cantabria
(crecimiento poblacional del 0,7% y del 10,0% en hogares y pasando
de 4.423 viviendas acabadas a 43.045), el País Vasco (decrecimiento
de la población del -0,3% y crecimiento del 10,6% en hogares,
pasando en el mismo periodo de 8.458 viviendas acabadas a 19.401),
Aragón (decrecimiento de la población del -0,3% y
crecimiento del 10,6% en hogares y de 8.458 viviendas acabadas a
19.401), Castilla y León (decrecimiento de la población
del –2,2% y crecimiento del 6,6% en hogares, pasando de 14.870
viviendas acabadas a 115.908), Castilla-La Mancha (crecimiento de
la población del 2,5% y del 9,2% en hogares, pasando de 13.914
viviendas acabadas a 111.406, también desde 1995 a 2002)
y Extremadura (crecimiento de la población del 1,0% y del
10,6% en hogares, pasando de 5.115 viviendas acabadas a 28.453).
Por último, el estudio pone de relieve la particularidad
de otro grupo de CC.AA. en que los factores demográficos
son necesarios para explicar la presión de la demanda de
vivienda, pero no son suficientemente determinantes, de manera que
la relación entre factores demográficos y demanda
inmobiliaria no ha sido tan clara. Este es el caso de Murcia (crecimiento
de la población del 7,0% y del 16,5% en hogares, pasando
desde 1995 a 2002 de 8.932 viviendas acabadas a 91.948), Madrid
(crecimiento de la población del 5,2% y del 16,3% en hogares,
pasando de 36.347 viviendas acabadas a 364.410) y Navarra (crecimiento
de la población del 3,1% y del 13,9% en hogares, pasando
de 3.978 viviendas acabadas a 36.308). En estas comunidades, los
incrementos de población o de la creación de hogares
por encima de la media española no se han traducido en un
avance de las viviendas acabadas superior a la media.
En cambio, las comunidades de Cataluña, Galicia y La
Rioja han evolucionado en sentido contrario y su actividad residencial
ha sido superior a la media española mientras que el crecimiento
de la población y de la creación de hogares era igual
o inferior a la media de este periodo de 1995 a 2002 (Catalunya
creció demográficamente un 3,2% y en hogares un 12,4%
mientras que las viviendas acabadas pasaron de 37.400 a 407.325;
Galicia creció en población un 0,3% y en hogares un
8,3% y las viviendas acabadas pasaron de 9.612 a 116.681; y La Rioja
creció un 2,9 en población y un 10,8 en hogares y
se pasó de 1.773 viviendas acabadas a 19.825).
Procam destaca en su estudio que la dinámica del mercado
inmobiliario en España en los últimos años
ha respondido en buena parte al comportamiento de algunos factores
demográficos y a la conducta de los hogares. El notable avance
de la demanda de primera vivienda se ha visto favorecido por el
acceso al mercado laboral y la independencia familiar de la numerosa
generación nacida en el baby boom, así como por la
ola inmigratoria registrada en España en los últimos
diez años. Una dinámica conjunta que ha impulsado
la creación de nuevos hogares hasta alcanzar registros máximos.
Por su parte, para explicar el notable avance de la demanda de segunda
residencia se apunta al alza de la demanda de residentes extranjeros
y a la correspondiente a la generación de edades comprendidas
entre 40 y 50 años, que se encuentran en la etapa de ingresos
máximos y han aprovechado las favorables condiciones financieras
actuales para ampliar su demanda. A esta evolución demográfica
se añaden cambios en el modelo de familia, que se han traducido
en una reducción del tamaño de los hogares, además
de otros elementos como la prolongación de la esperanza de
vida y la restricción, transitoria, de la herencia de vivienda
a la población más joven. |